La adolescencia es una etapa confusa en la que uno es y no es, en la que uno intenta ser algo pero fracasa en el intento y se transforma en lo que los demás quisieran que uno fuera hasta que en la etapa adulta se descubre la identidad más cómoda, más parecida a uno.
Cielo Latini narra en las 290 páginas de su autobiografía, Abzurdah. La perturbadora historia de una adolescente, el descenso a una espiral sin fin que inició a los 14 años. De niña, la protagonista sufrió de sobrepeso, de pocos amigos y de padres que la impulsaban a ser la mejor en todo. En la búsqueda por cumplir esta meta, Cielo cambió de escuela muchas veces sin poder establecer lazos con compañeros de su edad por un tiempo razonable. Vivió su primer enamoramiento que terminó tan pronto una de sus “amigas” empezó a salir con el objeto de sus deseos.
Con el corazón roto, Cielo se refugia en la Internet. Frecuenta salas de chat y conoce a Hogweed, un muchacho 8 años mayor que ella. Aunque ambos están conscientes de que la diferencia de edades puede acarrear problemas para Alejo (su nombre fuera del mundo virtual), deciden iniciar una relación sentimental y sexual. Cielo se obsesiona, su vida gira en torno a Alejo, quien -aunque confiesa quererla- no se toma tan en serio aquella relación.
A raíz de los encuentros y desencuentros, las discusiones y los engaños, Cielo decide lastimar a Alejo dejando de comer. Después de una borrachera, Cielo aprende a vomitar y cuando lo hace se siente liberada de la indiferencia de Alejo, del dolor que él le provoca con el estira y afloja en que se ha transformado aquella relación enfermiza:
Al vomitar experimenté una descarga que no había sentido antes: flotaban entonces ñoquis con licor de melón y muchas penas concebidas por Alejo aquellos últimos días. De manera extraña, una acción desagradable me llevó a sentirme bien. Era como mi vida: estar con Alejo, odiarlo, sus actitudes soeces y todo lo demás me llevaban a extremos inesperados de felicidad. Vomitar me hacía bien. (Abzurdah, 116)
Más tarde, ella dejará de comer por completo hasta pesar 45 kilos. Cielo vuelve a perderse en la red, abre un sitio pro anorexia y deja de sentirse sola en compañía de otras chicas que eligieron el mismo “estilo de vida”.
Seis años transcurren entre anorexia, bulimia, depresiones crónicas e intentos de recuperar a Alejo. Cielo va descendiendo, cada vez más rápido, en un pozo oscuro. Inundada de pena y desesperación decide morirse. Toma vino y cuarenta pastillas para dormir… y falla. Permanece internada en casa de sus padres durante tres meses, llevando las cicatrices de aquella noche (se corta el cabello, se quita las cejas, se corta la piel), y descubre que la autoflagelación es una especie de tranquilizante.
Será Néstor, su psiquiatra, quien la ayudará a emprender el regreso por esa espiral y le alentará a plasmar su historia en el papel.
Abzurdah no me pareció tan perturbadora historia (me perturba más Noticia de un secuestro de García Márquez) sino una historia de aprendizaje, de crecimiento. Cielo, con mucho trabajo, logra salir de un círculo vicioso aferrándose a las paredes de aquella espiral para encontrar una salida, asumiendo con valentía las cicatrices físicas y espirituales que la convierten en la mujer que es ahora.
Latini, Cielo, Abzurdah. La perturbadora historia de una adolescente., Editorial Planeta, Buenos Aires, 2006.



La Segunda Guerra Mundial, en especial para los vencidos, sigue siendo un tema escabroso que es preferible mantener oculto de las nuevas generaciones. Los vencedores descubrieron al mundo los horrores de los campos de concentración, los vencidos callaron mientras hicieron el mejor de los esfuerzos por recuperar lo perdido, por reconstruir sus vidas, también alteradas violentamente. Los textos que documentan a los líderes, sus estrategias y atrocidades, a las víctimas en este periodo oscuro de la historia son múltiples; pocos los que documentan el quehacer y sentir de los vencidos, de la gente común.
El niño que sobrevivió ha vuelto a la pantalla para contarnos la sexta aventura de la saga creada por J.K. Rowling, y una ya no puede ignorar el hecho de que el niño ya no es tan niño y que, al igual que sus compañeros, está a dos pasitos de entrar en la edad en la que todo mundo dice uno se vuelve responsable (eso dicen, vayan ustedes a saber qué tan cierto es…)
En la década de los setenta en Argentina la dictadura controlaba la vida de los ciudadanos, y aquellos que se oponían al régimen vivían escondidos o, en el peor de los casos, desaparecían para no ser vistos con vida nunca más.
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